Ciencia-ficción antes de los OVNIs: una problemática relación

Víctor Martínez2020

La Teoría de la Distorsión y los encuentros cercanos con OVNIs

Introducción

Discos metálicos, cilindros con ventanas, rayos de luz, seres macrocéfalos... los reportes de OVNIs contienen a menudo estos y otros elementos que parecen sacados de relatos de ciencia-ficción. Esto puede parecer lógico, dado el hecho de que las historias fantásticas de la literatura y el cine se han estado alimentando desde hace algunas décadas de informaciones surgidas en el seno de la ufología. Sin embargo, esta supuesta relación unidireccional queda en entredicho al saberse que antes del inicio de la era OVNI, datado el 24 de junio de 1947 (día en que tuvo lugar el avistamiento de Kenneth Arnold), ya existían narraciones ficticias que contenían detalles muy similares a los incluidos en los informes de OVNIs. Historias gráficas y literarias cuyos componentes se asemejan a los descritos por los testigos, en ocasiones con una similaridad cuando menos alarmante.

Las citadas coincidencias son tan asombrosas, que conviene plantearse si este hecho es puramente casual, como así alegan los defensores de la hipótesis extraterrestre, o si por el contrario se trata de una evidencia inequívoca de la existencia de factores culturales que han alimentado la creación de un mito o han moldeado la apariencia de una anomalía con gran carga cultural, tal como aseveran los partidarios de las hipótesis psicosociales y paraufológicas respectivamente.

Bajo dicha perspectiva y mediante la revisión de algunos ejemplos gráficos, este trabajo discutirá la relación de la ciencia-ficción previa a 1947 con la ufología, para tratar de comprender así las similitudes referidas, los alcances del impacto de estas historias fantásticas y su posible relación con las diferentes hipótesis que tratan de explicar el fenómeno OVNI.

Ciencia-ficción anterior a Kenneth Arnold

Dentro de la ufología, se considera que el inicio del fenómeno OVNI tuvo lugar el 24 de junio de 1947, día en el cual el piloto Kenneth Arnold avistó nueve extraños objetos mientras sobrevolaba con su avioneta el Monte Rainier (Washington, Estados Unidos). Arnold describió los objetos “como platillos saltando sobre el agua” aludiendo con esto a su movimiento y no a su forma, la cual era similar a una media luna. Sin embargo, un error periodístico rápidamente convirtió aquello en el caso de los “platillos volantes”. A partir de dicha fecha, avistamientos de platillos comenzarían a ser denunciados a lo largo de toda la geografía del país norteamericano y rápidamente a lo largo de todo el mundo.

Esos primeros casos de extraños objetos surcando los cielos, evolucionarían con el paso de los meses a una casuística mucho más anómala, compuesta por encuentros cercanos con “naves” que aterrizaban tripuladas por unos ocupantes de comportamiento absurdo. Estos espectaculares sucesos crecerían en extrañeza a lo largo de la década de los 50, para dar lugar en décadas posteriores a los casos de abducción o secuestro “extraterrestre”.

En las primeras décadas de ufología, nadie echó una mirada retrospectiva a los inicios de la era OVNI y la posible existencia de antecedentes culturales que pudieran aportar otro tipo de explicaciones, más allá del supuesto origen extraterrestre a la que estas apariciones estarían por siempre ligadas. Al menos nadie lo hizo de forma profunda, hasta que el sociólogo Bertrand Méheust demostró que muchos de los contenidos incluidos en los casos OVNI estaban ya presentes en la literatura de ciencia-ficción anterior a los OVNIs (Méheust, 1978). El propio investigador lo explicaba años después de la siguiente forma: «Al comienzo de mis investigaciones sobre los platillos volantes, aprecié un hecho inadvertido hasta entonces debido a su propia evidencia: los testimonios sobre platillos volantes no eran, ni mucho menos, las novedades absolutas que pretendían la mayor parte de los investigadores hasta finales de los años setenta, sino que por el contrario, eran un puro calco de relatos de ciencia-ficción anteriores a 1940. Todo ocurría como si los escritores de ciencia-ficción hubieran proporcionado los materiales necesarios para la elaboración de una nueva mitología» (Méheust, 1991; cursivas mantenidas del original).

Posteriormente a Méheust, es imprescindible destacar la labor del investigador Marc Hallet, quien profundizó en la importancia que estas historias tempranas de ciencia-ficción pueden haber tenido en la génesis del fenómeno OVNI (Hallet, 2005), y realizó varios recopilatorios de las referencias fantásticas, especialmente de la iconografía gráfica de las mismas (Hallet, 1992, 2020). Otros investigadores que abordaron las posibles bases del fenómeno OVNI en la ciencia-ficción son Kottmeyer (1990), Meurger (1995), Armada (2015), González y Agostinelli (2018) y Verga (2020). Sin embargo, no son muchos los estudiosos que se detienen a analizar esta vertiente del tema. Al respecto, el ufólogo español Moisés Garrido apuntaba lo siguiente: «la mayoría, salvo honrosas excepciones, siguen abordando el problema sin tener en cuenta sus aspectos psicosociales, enfocando la experiencia ovni independientemente del factor humano e influidos tremendamente por la popularidad de la Hipótesis Extraterrestre, sin caer en la cuenta de que ya el cómic, a través de los pulps, décadas antes de surgir la ufología, comenzó a entretejer la moderna mitología de las visitas alienígenas» (Garrido, 2016).

Los primeros relatos de ficción sobre el espacio que alcanzaron popularidad hay que buscarlos en las historias de Julio Verne, tales como De la Tierra a la Luna (1865), y en las de H. G. Wells, con su novela La Guerra de los Mundos (1898) (Figura 1) como claro exponente del tema aquí tratado. Dicha novela fue dramatizada radiofónicamente por Orson Welles y varios actores el 30 de octubre de 1938, causando el pánico en Nueva York y Nueva Jersey, donde muchos ciudadanos pensaron que la Tierra estaba siendo realmente invadida por extraterrestres.

El agente externo se comunica con la mente del testigo
Figura 1. Portadas de diferentes ediciones de La Guerra de los Mundos de H. G. Wells: edición de 1913 de “World’s Work Sixpennies” (izquierda) y edición 1938 de “Dell Publishing” (derecha).

Además, en las primeras décadas del siglo XX las revistas pulp de ciencia ficción comenzaron a ser populares entre determinado público. El máximo exponente de estas revistas fue Amazing Stories, fundada en 1926, cuyas portadas e historias mostraban a menudo naves espaciales y extrañas criaturas. Otras revistas pulp populares fueron Weird Tales, Science Wonder Stories y Air Wonder Stories. Igualmente, los cómics contribuyeron a difundir esta fascinación por las naves y viajes espaciales, especialmente a través de las historias de los personajes Buck Rogers, creado en 1928, y Flash Gordon, surgido en 1934.

Este trabajo se centra mayormente en la ciencia-ficción literaria como la citada, debido a que el cine de dicha temática apenas contiene ejemplos previos al caso Arnold, aunque sí existen algunos antecedentes dignos de ser señalados, como son Viaje a la Luna (1902) o el serial de Flash Gordon (1936). No obstante, después de 1950 el cine de temática extraterrestre entró en auge y pudo influir en gran medida en aspectos posteriores del fenómeno OVNI, como los relatos de encuentro cercano y las abducciones.

Platillos volantes y otras naves espaciales

Las variadas formas de objetos descritos por multitud de testigos alrededor del mundo, tienen su símil en numerosas portadas, contraportadas e historias de las revistas pulp de las primeras décadas del siglo XX. Si bien lo más frecuente en estas ilustraciones eran las naves con forma de cohete, lo cierto es que existen antecedentes para otras morfologías más comúnmente descritas en los relatos de OVNIs. Por ejemplo, en la Figura 2 se muestran clásicos platillos volantes en un número de 1918 de Electrical Experimenter, una revista de ciencia y ciencia-ficción, en comparación con una portada de 1964 de la revista de ufología Flying Saucer Review, considerada una de las revistas más icónicas de la investigación OVNI.

El agente externo se comunica con la mente del testigo
Figura 2. A la izquierda, portada de una revista de ciencia y ciencia-ficción de 1918, con una aeronave que evoca al clásico platillo volante que comenzaría a ser visto por multitud de testigos en 1947 (Electrical Experimenter, abril de 1918). A la derecha, portada de la revista de investigación OVNI Flying Saucer Review, mostrando una reconstrucción de un objeto avistado en Brasil en 1958 (Flying Saucer, vol. 10, nº 6, noviembre-diciembre de 1964).

Otro espectacular ejemplo puede verse en la Figura 3, la cual muestra naves discoidales en un número de 1936 de la revista pulp Wonder Stories, en comparación con una representación de un avistamiento OVNI aparecido en 1979 en la revista de ufología francesa Lumières Dans La Nuit. A día de hoy, las formas circulares, ovoidales o discoidales siguen siendo las más habituales en los relatos de testigos de avistamientos y encuentros cercanos con OVNIs (Figura 4).

El agente externo se comunica con la mente del testigo
Figura 3. A la izquierda, aeronave discoidal de la ciencia ficción (Wonder Stories, abril de 1936). A la derecha, representación gráfica en la revista francesa de ufología Lumières Dans La Nuit de un suceso OVNI ocurrido en 1978 en Beaufort, Francia (Lumières Dans La Nuit, nº 187, 1979).
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Figura 4. Algunos bocetos realizados por testigos de OVNIs y recogidos por el autor de este artículo en diferentes investigaciones de campo. Las formas discoidales y circulares siguen siendo las más habituales, aunque no únicas, en las descripciones de casos OVNI. (Imágenes: Archivo Víctor Martínez)

Los OVNIs cilíndricos, denominados “naves nodrizas” por algunos ufólogos partidarios de la hipótesis extraterrestre, encuentran su representación en cuentos como el mostrado en la Figura 5. Sobre dicha historia, Hallet (2005) aclaró que se trata de un cuento de D. J. Foster, aparecido en Bruselas (Bélgica) en 1945, en el que una aeronave con forma de cigarro y equipada con un rayo destructor, es pilotada por pequeños seres de Marte con el objetivo de invadir la Tierra. En la misma figura se presenta una portada de 2002 de la revista inglesa de ufología Flying Saucer Review, que ilustra un avistamiento ocurrido en julio de 1996 en el Yukon (Canadá), en el cual dos hermanas aseguraron haber visto un enorme objeto cilíndrico acompañado de esferas luminosas menores.

Astronauta recogiendo muestras en la Luna
Figura 5. Aeronave extraterrestre con forma de “cigarro” perteneciente a un cuento de 1945 (Collection Anticipations, nº2, octubre 1945, La Lucarne), y portada de la Flying Saucer Review sobre un caso OVNI ocurrido en Yukon, Canadá, en julio de 1996 (Flying Saucer Review, vol. 47, nº 3, 2002).

Los dos espectaculares ejemplos que siguen, muestran naves cilíndricas junto a un objeto discoidal en un número de Marvel Science Stories de 1939 (Figura 6), y una impresionante flota de “platillos volantes” sobrevolando un extraño planeta en una contraportada de 1946 de Amazing Stories (Figura 7), menos de un año antes del “nacimiento” de los platillos volantes.

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Figura 6. Naves cilíndricas destruyen una ciudad, mientras otra nave discoidal acompaña la escena gráfica (Marvel Science Stories, vol. 1, nº 3, febrero de 1939).
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Figura 7. Un extraño planeta es sobrevolado por una flota de naves con forma de clásico platillo volante. Diez meses después de esta contraportada, ocurriría el famoso avistamiento de Kenneth Arnold y personas alrededor del mundo comenzarían a reportar avistamientos de platillos volantes. (Amazing Stories, agosto de 1946)

La Figura 8 muestra un extraño objeto esférico y una avioneta en una portada de Amazing Stories de 1931, en comparación con la portada inaugural de Fate de 1948, que popularizó aún más el avistamiento de Kenneth Arnold. La avioneta de la portada de la revista pulp evoca al avistamiento del piloto (no así la morfología del objeto), ocurrido 16 años después. Las aeronaves esféricas eran muy utilizadas en estas ilustraciones, y se pueden encontrar otros ejemplos similares en coloridas portadas de la literatura de ciencia-ficción. Igualmente, los OVNIs esféricos también han sido descritos en numerosas ocasiones a lo largo de la casuística ufológica (Figura 9). A pesar de ello, conviene citar lo apuntado por Hallet (2020): «la esfera es un volumen simple o perfecto (como se desee) que podríamos decir que es tan banal que no constituye una prueba de la influencia que la ciencia ficción pudo haber tenido en la ufología».

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Figura 8. A la izquierda, portada de Amazing Stories de 1931, con la ilustración de un misterioso objeto esférico sobrevolando a una avioneta. A través de la ventana del objeto pueden observarse un par de figuras antropomorfas (Amazing Stories, julio de 1931). A la derecha, famosa portada del número 1 de Fate de 1948, representando el avistamiento “inaugural” de Kenneth Arnold (Fate, vol. 1, nº 1, 1948).
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Figura 9. Las formas esféricas también son habituales en los testimonios de OVNIs, como se observa en la representación de este caso español de 1977 (Stendek, nº 38, diciembre de 1979).

Respecto a las naves triangulares, las cuales entrarían en el imaginario ufológico a raíz de la oleada belga de 1989, existen algunas referencias en la ciencia-ficción pre-Arnold (Figura 10), aunque no tan abundantes como las morfologías anteriormente comentadas. Sobre la oleada de Bélgica y los antecedentes de ficción, Abrassart (2016) comentaba: «La transición del platillo al triángulo no ocurrió de la noche a la mañana. Esta evolución también ha sucedido gradualmente en la ciencia ficción. Mencionemos, por ejemplo, la forma de las naves imperiales en Star Wars, cuya primera película data de 1977. El ufólogo Raoul Robé señaló especialmente la existencia de un álbum de la tira cómica belga Bob et Bobette titulada Le Boomerang qui brille (Vandersteen, 1976), en la que se puede ver un objeto brillante en forma de triángulo en la cubierta, volando en el cielo». El cómic citado por Abrassart puede verse en la Figura 11, junto con su contrapartida ufológica de la oleada de Bélgica, representada por una portada de Lumières Dans La Nuit de 1989. En la actualidad, siguen surgiendo casos OVNI con descripción de objetos triangulares, en numerosas ocasiones datados mucho antes de la oleada de Bélgica pero relatados posteriormente a la misma (Figura 12), por lo que la sombra de la influencia cultural posterior y modificación inconsciente del recuerdo siempre está presente.

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Figura 10. Aeronave triangular en la ciencia-ficción de los años 30 (Amazing Stories, 1930).
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Figura 11. A la izquierda, tira cómica belga a la que hacen mención algunos ufólogos como antecedente cultural de la oleada belga de 1989 (Bob et Bobette, nº 161, 1976, Editorial Erasme). A la derecha, portada de Lumières Dans La Nuit haciéndose eco de la oleada OVNI de Bélgica de 1989 (Lumières Dans La Nuit, nº 300, 1989).
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Figura 12. Boceto realizado por un testigo de un encuentro cercano ocurrido en España en 1959, aunque relatado décadas después al autor de este artículo. (Imagen: Archivo Víctor Martínez)

Los extraños tripulantes: seres antropomorfos, cabezones y monstruos

Mucho antes de que los encuentros cercanos fueran populares en la casuística OVNI y en las películas de ciencia-ficción, la literatura fantástica ya contenía algunos ejemplos de sospechosa similitud. Así, existen asombrosos parecidos entre el encuentro cercano descrito por Joe Simonton en 1961 y la imagen de una historieta de Miles J. Breuer, llamada “The Time Flight” (El Vuelo del Tiempo), aparecida en 1931 en Amazing Stories (Figura 13). En el caso OVNI de Simonton, éste describió una aeronave tripulada por tres pequeños seres ataviados con un mono azul, los cuales le entregaron unas tortitas de misteriosa procedencia después de que el testigo les llenara una jarra con agua (Martínez, 2020). Por otro lado, la introducción de la historia ficticia de Breuer dice: «si Einstein tiene razón, y si existe una cuarta dimensión y el viaje en el tiempo es una posibilidad, las generaciones futuras pueden esperar una era de acontecimientos emocionantes. El individuo aventurero, en los próximos días, tendrá un alcance ilimitado para experiencias emocionantes, no sin su peligros concomitantes. La experiencia de nuestro héroe es única y la historia es de gran interés».

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Figura 13. A la izquierda, portada de Amazing Stories de 1931 mostrando un objeto ovoidal con un tripulante saliendo de su interior, correspondiente a la historia “The Time Flight” de Miles J. Breuer (Amazing Stories, junio de 1931). A la derecha, dos reconstrucciones gráficas del OVNI y uno de los tripulantes descritos por Joe Simonton, quien tuvo su extraño encuentro cercano el 18 de abril de 1961 en Eagle River, Estados Unidos.

Son numerosas las morfologías de seres asociados a los OVNIs que han sido descritas a lo largo de la casuística mundial (Martínez, 2011), si bien los pequeños seres antropomorfos han sido los más habituales, popularizándose los de grandes cabezas tras el “boom” de las abducciones hacia finales de los 80. Sin embargo, extraterrestres parecidos ya hacían acto de presencia en la ciencia-ficción pre-Arnold. Sobre esto, González y Agostinelli (2018) apuntaron: «El investigador estadounidense Martin Kottmeyer mostró cómo la imagen del alienígena cabezón procede de un relato de H.G. Wells, “El hombre del año un millón”. Esta misma idea fue repetida hasta la extenuación en la ciencia ficción de los años siguientes por todo tipo de autores, tal como demostró por ejemplo en su serie sobre las “mentes varicosas”».

Un ejemplo de estos antecedentes lo tenemos en el número de febrero de 1940 de Planet Comics, enmarcado en la tira “Space Patrol” (Patrulla Espacial) de Basil Wolverton. Este pequeño extraterrestre guarda un parecido, por ejemplo, con los seres descritos por Maurice Masse en Valensole (Francia) en 1965, durante su encuentro cercano con un OVNI y sus dos pequeños tripulantes, los cuales, de acuerdo al testimonio de Masse, usaron un rayo paralizante contra él. Además, en el terreno quedaron huellas físicas y las plantas de lavanda no volvieron a crecer sanas (Michel y Bowen, 1968; Vallée, 1969). En la Figura 14 se pueden ver ambas representaciones, tanto la del cómic de los años 40 como la basada en el testimonio de Masse.

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Figura 14. En la parte superior, tira cómica “Space Patrol” de Basil Wolverton (Planet Comics, 1940). Abajo, reconstrucción gráfica del encuentro cercano de Maurice Masse, ocurrido en Valensole (Francia) en 1965.

Entre la amplia gama de “visitantes espaciales” ligados a la casuística OVNI, unos de los más peculiares son los pequeños monstruos plateados del caso de la granja de Kelly-Hopkinsville (Kentucky, Estados Unidos) de 1955, en el cual un grupo compuesto por ocho adultos y tres niños la emprendió a disparos contra estas criaturas, supuestamente provenientes de un OVNI (sólo uno de los testigos divisó el objeto) (Davis y Bloecher, 1978). Anteriormente, la revista Weird Tales publicó varias historias en los años 40 protagonizadas por unos seres similares a los descritos por los testigos del tiroteo nocturno (Figura 15).

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Figura 15. A la izquierda, portada de Weird Tales de marzo de 1942. A la derecha, reconstrucción artística de las criaturas de Kelly-Hopkinsville en base a las declaraciones de uno de los testigos (Dibujo realizado por: Andrew ‘Bud’ Ledwith; tomado de Davis y Bloecher, 1978).

Otro alucinante ejemplo que evoca un clásico encuentro cercano puede hallarse en una portada de 1942 de la revista Future. En ella se observa una extraña nave posada en tierra y unas figuras antropomorfas de cabezas cónicas, provistas con una especie de propulsor que les permite volar. Mientras, una pareja observa la escena desde lejos. Estos extraños personajes encuentran su gemelo ufológico en el famoso encuentro cercano de Imjärvi (Finlandia), sucedido el 7 de enero de 1970, en el cual los esquiadores Aarno Heinonen y Esko Viljo relataron haberse encontraron con un OVNI y un curioso ser de menos de un metro de altura, ataviado con un mono verdoso y un casco cónico. Tras el encuentro, los testigos sufrieron una serie de consecuencias fisiológicas, tales como paralizaciones temporales de partes del cuerpo, enrojecimientos, inflamaciones, dolores y orina de color oscuro (Fredrickson, 1970a, 1970b; Adell, 1980). En la Figura 16 puede apreciarse la comparación entre la ficción y la “realidad” del caso noruego.

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Figura 16. A la izquierda, portada de la revista de ciencia-ficción Future de abril de 1942, con ampliación de una de las figuras antropomorfas (Future, abril de 1942). Sobre dicha ampliación, reconstrucción del ser avistado en Imjärvi (Finlandia) en base a los testimonios de Heinonen y Viljo, quienes en 1970 declararon haberse topado con un OVNI y un extraño ocupante que surgió en el interior de un haz de luz emitido por el objeto, encuentro que fue ilustrado en la portada de Flying Saucer Review, en la derecha de la figura (Flying Saucer Review, septiembre/octubre de 1970).

A partir de 1951, las películas de ciencia-ficción empezaron a introducir el tema extraterrestre como recurrente, con representación de platillos volantes, que ya estaban en boca de todos desde unos años antes, y seres extraterrestres llegados a bordo de las naves. Algunas de estas películas que alcanzaron gran repercusión son: Ultimátum a la Tierra (1951) (Figura 17), Invasores de Marte (1953), Vinieron del Espacio (1953) o La Guerra de los Mundos (1953), esta última basada en la novela de H. G. Wells. Así, a medida que los testimonios sobre presencia de ocupantes ligados a los OVNIs comenzaban a aumentar en número, el cine desarrollaba paralelamente temáticas similares acerca de la llegada de alienígenas. La retroalimentación entre ambas temáticas parece clara cuando se examina la iconografía y evolución de los testimonios ligados a los OVNIs y las películas fantásticas.

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Figura 17. Un extraterrestre desciende de un platillo volante en este fotograma perteneciente a la película de 1951 Ultimátum a la Tierra. (Imagen: 20th Century Fox)

Abducciones: rayos de luz y cobayas humanos en los años 20 y 30

Si bien existen algunos casos en los archivos de los años 50, los sucesos de abducción o “secuestro extraterrestre” comenzarían a ser populares a raíz de conocerse el caso del matrimonio Hill, ocurrido en 1961 y publicado por John Fuller en el libro de 1966 El Viaje Interrumpido, el cual le dio la fama. Además, la popularización de los seres cabezones y ojos negros grandes (los llamados “grises”) como ejecutores de estos supuestos raptos, no llegaría hasta el año 1987, debido a la publicación de los libros Intrusos, de Bud Hopkins, y Comunión, de Whitley Strieber. Posteriormente, algunos autores concluyeron que el origen de muchos rasgos de las abducciones podía ser rastreado en historias anteriores de ciencia-ficción, lo que indicaba que las abducciones son un fenómeno cultural sin base real (Kottmeyer, 1990; Meurger, 1995, 1996).

Aunque la abducción de los Hill fue la pionera en sentar las bases de los “secuestros extraterrestres”, Abrassart comentaba al respecto: «De hecho, no fue hasta 1961, y el asunto de Betty y Barney Hill, que este subfenómeno se agregó a la mitología ovni. Por lo tanto, era realmente cuestión de hacer que el platillismo fuera más complejo. Sin embargo, es posible encontrar elementos que los evoquen mucho antes en la ciencia-ficción, en el marco de la paradoja de la ciencia-ficción y los platillos volantes. Jason Colavito (2005) traza el origen del neo-efemerismo en el escritor Howard Phillips Lovecraft, especialmente en su novela En las Montañas de la Locura. Con respecto a los secuestros, este mismo escritor presenta en su novela de 1930 El que susurra en la Oscuridad a los extraterrestres (Los Mi-Go) que extraen quirúrgicamente el cerebro de los seres humanos, los colocan en cilindros y se los llevan de viaje espacial. Estamos aquí treinta años antes del asunto de Betty y Barney Hill» (Abrassart, 2016, p.89).

No sólo los alienígenas cabezones ya existían en la ciencia-ficción mucho antes de 1947, tal como se ha mostrado al hablar de los encuentros cercanos, sino que otras características de los relatos de abducción también son rastreables en esta literatura fantástica. Ése es el caso de los rayos de luz proyectados por las naves, sobre los cuales se ha elucubrado que son utilizados por los OVNIs para elevar al testigo hacia la nave raptora. Este elemento es tan icónico que incluso Kottmeyer (2012) realizó un estudio dedicado a sus implicaciones e iconografía en la ciencia-ficción pre-1947 y posterior. El ejemplo más famoso de este tipo de relatos se halla en el caso de Travis Walton, el leñador supuestamente abducido en 1975 en el Parque Nacional Apache-Sitgreaves (Arizona, Estados Unidos). Este suceso fue notable debido a que sus seis compañeros de trabajo relataron haber sido testigos de cómo un platillo volante emitía un rayo de luz sobre Walton, elevándolo sobre el suelo. Después, el leñador estuvo cinco días desaparecido hasta reaparecer desorientado en las proximidades de una carretera. Durante las investigaciones contaría sus vivencias dentro de la nave espacial donde supuestamente fue retenido por seres humanoides. Desde entonces, diferentes opiniones se han vertido a favor del fraude (Klass, 1988) y de la realidad del suceso (Clark, 1998), si bien lo cierto es que hasta el día de hoy ninguno de los siete testigos se ha retractado de su testimonio. El protagonista principal escribió posteriormente su propio libro contando los hechos (Walton, 1978), el cual inspiró la película de 1993 “Fire in the Sky” (Fuego en el cielo), de Paramount Pictures. El símil del rayo de luz que “abdujo” a Walton puede hallarse en el cuento de Edmon Hamilton “The Comet Doom” (La Condena del Cometa), aparecido en 1928 en The Amazing Stories (Figura 18).

Juan Rodríguez Domínguez, testigo de los humanoides de Aznalcóllar
Figura 18. A la izquierda, ilustración de la historia “The Comet Doom”, escrita por Edmon Hamilton y aparecida en The Amazing Stories en enero de 1928. A la derecha, portada del libro escrito por Travis Walton en el que relata el detalle de su caso de abducción y las investigaciones que tuvieron lugar en torno a él (The Walton Experience, Berkley, 1978).

Un ejemplo impactante de exóticos seres de la ciencia-ficción prearnoldiana que inspeccionan a humanos en sus naves, aparece en la historia “Microcosmic buccaneers” (Bucaneros microcósmicos) de Harl Vincent, en uno de los números de 1929 de Amazing Stories. La historia se acompañaba de una ilustración de Morey, la cual se muestra en la Figura 19. Si la imagen habla por sí sola, el texto que contiene la historia es aún más contundente: «Luego vino un rugido de los cielos y un gran buque cilíndrico se lanzó directamente delante de ellos, bajando en la superficie metálica de la carretera, tan liviana como un pájaro. La voz que no era una voz les habló una vez más. "Acércate", ordenó. Obedecieron con cierta inquietud, acercándose al extraño transporte y deteniéndose cuando una pequeña abertura cuadrada apareció en el lado más próximo. "Entrad", llegó el comando insistente y tácito. Atravesaron la abertura del cilindro. La oscuridad saltó a una luz intensa cuando la puerta cerró detrás de ellos. Cegado hasta el punto de hipnosis, no vieron más que ojos, ojos que miraban fijamente; los inspeccionó como si fueran especímenes de laboratorio de un tipo infinitamente inferior. Entonces esa luz cegadora desapareció, se desvaneció tan repentinamente que la oscuridad parecía aterradora. Pero no era por mucho. La voz tácita llegó una vez más. "Ellos son diferentes", dijo. Suaves manos las agarraron, dedos flácidos manosearon sus cuerpos. "¡Ugh!" protestó Grayson. Luego estaban en una habitación de brillo confortable y cálida. Seis pares de ojos los miraron, y por primera vez sabían las características de las que se establecieron esas ópticas que todo lo ven y todo lo saben. Estas no eran las criaturas que habían visto a través del súper microscopio. Su apariencia estaba lejos de ser humana. Pero había más inteligencia de astucia siniestra y malas intenciones en esos ojos de borde azul, que en el más despreciable y villano de los mortales. Las cabezas no tenían cabello y eran globulares, el pergamino de piel apretada sobre los cráneos feos. No tenían orejas, ni bocas ni barbillas. Nada había que los señalara como humanos, salvo esos ojos, y éstos eran sobrehumanos en su calidad penetrante y discernimiento» (Amazing Stories, 1929, volumen 4, número 8, pp. 682-683; cursivas añadidas).

Juan Rodríguez Domínguez, testigo de los humanoides de Aznalcóllar
Figura 19. Extraña nave con un tripulante cabezón y de grandes ojos en su exterior, además de otro ser visible en el interior a través de una escotilla. Pertenece a la la historia de ficción “Microcosmic buccaneers”, de Harl Vincent (Amazing Stories, noviembre de 1929).

Otros precedentes de abducciones en la literatura de ciencia-ficción pueden hallarse en la Figura 20, perteneciente a un número de Amazing Stories de 1934, que muestra a un hombre siendo capturado por seres con gran cabeza; y en la Figura 21, en la cual puede verse una comparativa entre una de estas “abducciones” de ficción (correspondiente a Amazing Stories, 1935) y las estudiadas en la actualidad por los grupos de investigación OVNI (revista MUFON UFO Journal, 1996), poniendo de manifiesto que los exámenes médicos de humanos como cobayas ya formaban parte del imaginario fantástico décadas antes de surgir las abducciones.

Reconstrucción del encuentro cercano de Aznalcóllar
Figura 20. Ilustración de un hombre siendo apresado por seres de gran cabeza (Amazing Stories, abril de 1934).
Reconstrucción del encuentro cercano de Aznalcóllar
Figura 21. A la izquierda, portada de Amazing Stories de 1935, que ilustra a seres humanos capturados y examinados por extrañas criaturas (Amazing Stories, junio de 1935). A la derecha, portada de 1996 del MUFON UFO Journal, revista del grupo de investigación ufológica MUFON, mostrando una representación de una abducción (MUFON UFO Journal, octubre de 1996).

Referencias fantásticas como prueba de las visitas extraterrestres

Para muchos estudiosos pioneros, motivados en parte por el discurso de los contactados de inicios de los años 50, la aparición de los platillos volantes mostraba la llegada de seres extraterrestres que acudían a la Tierra llevados por su preocupación sobre una posible guerra nuclear entre los humanos.

Estos discursos, alentados fuertemente por el fin de la Segunda Guerra Mundial, el inicio de la Guerra Fría y la carrera espacial, se verían asimismo fortalecidos por el incremento de los casos de encuentro cercano, los cuales parecían indicar que una o varias razas extraterrestres estaban llevando a cabo labores de exploración del planeta.

Según estos puntos de vista, las coincidencias entre el aspecto de los OVNIs y algunos de sus tripulantes con las descripciones de la ciencia-ficción previa, estarían simplemente en una gran coincidencia, o por contra, en una enorme capacidad de premonición por parte de los escritores de literatura fantástica, cuyas naves extraterrestres habrían anticipado con bastante precisión los auténticos platillos volantes que se describirían a partir de 1947.

Además, para los defensores de las teorías de los antiguos extraterrestres en pinturas, arqueología y viejos relatos reinterpretados en la actualidad, no existiría premonición alguna en la ficción puesto que seres extraterrestres estarían visitando la Tierra desde hace milenios. Sin embargo, muchos estudiosos no concuerdan con estas visiones pro-extraterrestres, como así queda ejemplificado de forma excelente por Abrassart (2016): «Nuestra posición, por el contrario, es que la ciencia ficción proporciona un conjunto de representaciones cognitivas que luego son movilizadas por los testigos. Entonces, no hay una relación causal entre la ciencia ficción y el fenómeno OVNI, sino una correlación. También hay un ciclo de retroalimentación entre los dos dominios».

En ocasiones, ni siquiera es necesario acudir a comparaciones como las mostradas anteriormente, puesto que la iconografía utilizada por las revistas de ufología para ilustrar algunas de sus portadas está claramente inspirada en la ciencia-ficción, mostrando los supuestos paralelismos entre las visitas extraterrestres de la ficción y las que estarían sucediendo realmente. Como muestra de ello, la Figura 22 presenta una clarificadora portada de la revista Contactos Extraterrestres.

Reconstrucción del encuentro cercano de Aznalcóllar
Figura 22. Portada de la revista de ufología Contactos Extraterrestres, nº 7, 1980, tomada claramente de la ciencia-ficción.

En numerosas investigaciones de sucesos OVNI, el encuestador o ufólogo incide en el hecho de que los testigos no eran conocedores del fenómeno ni amantes de la ciencia-ficción, como si ello fuera una prueba de la realidad física y exactitud de las descripciones. Aún teniendo muy en cuenta que sobre todo en la actualidad digital el conocimiento no tiene fronteras y se esparce rápidamente, sería extremo defender que todos los parecidos, como los ejemplos mostrados en este trabajo, se deben a una proyección exacta de contenidos culturales preexistentes en el testigo. La imaginación del ser humano siempre puede jugar un papel fundamental en los procesos de percepción e interpretación, y al respecto González y Agostinelli (2018) comentaron acertadamente: «Puede argumentarse que los testigos actuales difícilmente habrán leído recónditos relatos gráficos impresos hace décadas, pero lo que esta existencia previa demuestra es que lo que un ser humano puede imaginar en cierto contexto, puede volver a ser imaginado por otro en circunstancias diferentes».

Contenidos culturales para un origen psicosocial

La idea iniciada por Michel Monnerie (1977, 1979) e impulsada rápidamente sobre todo por parte de la ufología francesa, sería conocida como la hipótesis psicosociológica, la cual trata de explicar los casos de OVNIs como confusiones con estímulos mal identificados, los cuales serían interpretados por el inconsciente del testigo de acorde a sus emociones, creencias y conocimientos culturales previos. En estos últimos entra por supuesto la ciencia-ficción en todas sus vertientes.

En relación al papel que podría jugar la ciencia-ficción a la hora de recrear diferentes escenarios interpretativos que no se ajustan al estímulo real que los provoca, son interesantes algunos experimentos que recuerda el antropólogo y ufólogo Ignacio Cabria: «El austríaco Alexander Keul y el británico Ken Phillips (1987) realizaron en colaboración un experimento de percepción y memoria con los asistentes a varias conferencias. Proyectaron una imagen de una forma OVNI clásica y luego hicieron al público dibujar de memoria aquella imagen. El resultado más interesante que se encontró fue una tendencia a completar inconscientemente la imagen con elementos procedentes de la literatura de ciencia-ficción o de la ufología» (Cabria, 2002, p.62, cursivas añadidas). Los estudios de Hallet (2005) y Verga (2020), quienes profundizan en la relación que aquí se debate, también concluyeron que la ciencia-ficción y sus fuentes imaginarias jugaron un papel importante para la generación, en la cultural popular, del mito de las supuestas visitas extraterrestres.

La aplicación de las hipótesis psicosociológicas ha servido para explicar la interpretación errónea de sucesos como la observación de astros, bólidos o reentrada de satélites en la atmósfera. Uno de los mejores ejemplos se halla en las numerosas descripciones de extraños cilindros u objetos ovoidales con ventanillas que surgieron a lo largo del este de Estados Unidos el 3 de marzo de 1968 (Figura 23), y que en realidad se debieron a la reentrada de piezas del satélite soviético Zond IV desintegrándose en la atmósfera (Hartmann, 1969, 2015; Oberg, 2014). Sobre los reportes de esta confusión, Hartmann comentó lo siguiente: «Muestran que no sólo los informes de un evento, sino también la concepción inicial de lo que se vio, pueden ser radicalmente diferentes de los estímulos que realmente se percibieron, en formas que dependen de imágenes culturales que ya están en la mente del observador» (Hartmann, 2015, cursivas añadidas). Por tanto, algunos estímulos físicos desconocidos para los observadores, pueden ser reinterpretados en base a contenidos mentales anteriormente adquiridos por las personas a través de la ciencia-ficción y los medios, idea ya soportada en otros estudios (Jimenez, 1994).

Mapa del desembarco de Normandía
Figura 23. Uno de los dibujos suministrados por uno de los testigos de la reentrada de la Zond IV. Lo que muchos creyeron que era un OVNI volando a poca distancia (e incluso describieron la existencia de ventanillas), no eran más que fragmentos de la nave soviética desintegrándose durante su reentrada a la atmósfera. (Imagen: Expediente 1968-03-03-Northeastern del Blue Book Project de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, p. 52)

Aunque las hipótesis psicosociales explican sin duda una buena parte de avistamientos, englobando perfectamente a la ciencia-ficción entre sus mecanismos, las mismas no han podido explicar casos con alto nivel de extrañeza que se encuentran en catálogos de casuística de todo el mundo, especialmente aquellos compuestos también por ciertos tipos de evidencia física como huellas en el terreno, efectos fisiológicos o electromagnéticos (Vallée, 1990; Sturrock, 1998), y que permanecen a día de hoy como inexplicados.

La ciencia-ficción como molde de visiones de otra "realidad"

Además de la ciencia ficción, otros aspectos como el folklore de hadas, el desarrollo de la aviación y la popularización del ocultismo, jugaron también parte importante en la génesis del fenómeno (Abrassart, 2016), al menos en el mito subyacente tras las apariciones de OVNIs.

A diferencia de los estudiosos que tratan de explicar los OVNIs como un mito surgido de varios aspectos psicológicos, sociales y culturales, entre ellos el folklore, la hipótesis de Vallée (1969) sostiene que precisamente elementos del folklore (como los relatos de hadas y criaturas elementales) y otros como las apariciones religiosas, son de hecho, manifestaciones provenientes de un mismo fenómeno anómalo, inexplicado y desafiante para la ciencia, que se esconde actualmente tras las apariciones de supuestas visitas extraterrestres. En ocasiones las manifestaciones tendrían también una componente física, evidenciada por hechos como las huellas OVNI sobre el terreno o los efectos fisiológicos sobre los testigos. Según el ufólogo francés, este fenómeno extraño se manifestaría bajo diferentes máscaras (Figura 24) y conformaría un sistema de control de la conciencia humana a lo largo de la historia (Vallée, 1975). En este marco de entendimiento, las similitudes con la ciencia-ficción podrían explicarse por esa actual manifestación del fenómeno bajo la apariencia extraterrestre, lo que en consecuencia hace que este "disfraz" quede enmarcado dentro del cuadro de creencias y fascinación por el espacio que acompañan a la humanidad desde finales del siglo XIX, y que como se ha visto están representadas en la literatura, cine y televisión.

Mapa del desembarco de Normandía
Figura 24. Portada de la edición de 2014 (Editorial Daily Grail Publishing) del libro de Jacques Vallée Pasaporte a Magonia, que ilustra excelentemente las opiniones de su autor, según las cuales un mismo fenómeno anómalo ha estado manifestándose a lo largo de la historia de la humanidad adoptando aspectos diferentes según las creencias de cada época.

En su estudio original sobre los antecedentes del fenómeno en la ciencia-ficción pre-OVNIs, Méheust (1978) sugería una idea en cierta manera similar a la de Vallée, aunque colocando en los testigos y sus estructuras mentales el peso principal del aspecto de las manifestaciones. Así, Méheust expuso que podría existir un “Agente X” de carácter real, que se nutriría de un fondo arquetípico compartido por los OVNIs y la ciencia-ficción. De esta forma, la ciencia-ficción podría ser una manifestación más de los arquetipos del inconsciente colectivo, como los referidos por el psiquiatra y psicólogo Jung (1958) en sus hipótesis sobre los OVNIs.

Por otro lado, Caravaca (2019) defiende con su “teoría de la distorsión” que un agente externo desconocido estaría interactuando con los contenidos de la mente de los testigos para generar episodios ufológicos. En ciertas ocasiones, podría quedar evidencia física (huellas, efectos electromagnéticos, etc) como consecuencia de la energía del proceso involucrado o de la interacción física con el medio de ese agente externo. Este último punto es destacable, puesto que a diferencia de otras hipótesis citadas en este artículo, la de Caravaca no ignora los casos de alta extrañeza con rastros físicos.

Bajo la “teoría de la distorsión”, una parte importante del aspecto del fenómeno estaría constituido por el bagaje cultural del testigo. En algunos casos, Caravaca ha ejemplificado de forma muy clara la influencia que la ciencia ficción tendría bajo esta interpretación de los OVNIs. Uno de esos ejemplos es el caso de Turís (Valencia, España), sucedido el 25 de julio de 1979, en el cual el agricultor Federico Ibáñez se topó con un artefacto con forma de “medio huevo” posado en un camino de tierra, y en sus alrededores dos extraños seres de menos de un metro de altura ataviados con una especie de gafas de gran anchura. Los seres entraron en el objeto para después éste elevarse sobre el terreno y desaparecer de la vista del testigo en cuestión de segundos (Figura 25). Para complicar el caso, se hallaron huellas en el lugar donde el objeto estuvo aterrizado (Ballester Olmos, 2009). En su investigación del suceso, el ufólogo Ballester Olmos mencionaba la crítica del investigador Luis R. González sobre el caso, quien hizo notar el parecido de los seres descritos por el testigo con algunos de los personajes de la película “Star Wars” (La guerra de las galaxias), estrenada en 1977, en concreto con los “jawas” y los “moradores de las arenas” (González, 2002), mostrados en la Figura 26. Sobre este hecho, Caravaca expuso posteriormente: «los humanoides observados por el Sr. Ibáñez no serían más que el efecto y resultado de una “proyección distorsionada” de algunas de las criaturas del universo Star Wars dentro de un contexto ufológico, fruto de una época de numerosos incidentes relacionados con los ovnis, expuestos frecuentemente en los medios de comunicación. Aunque, al contrario que sus homónimos cinematográficos, estos humanoides vinieron de una galaxia muy, muy, muy cercana…» (Caravaca, 2019).

Mapa del desembarco de Normandía
Figura 25. Reconstrucción del encuentro cercano de Turís, ocurrido en 1979, basado en las declaraciones del testigo. A la izquierda, el OVNI y los dos seres caminando hacia el objeto. A la derecha, representación ampliada de uno de los dos seres. (Imágenes: Stendek, nº 45, septiembre de 1981)
Mapa del desembarco de Normandía
Figura 26. Personajes de la película Star Wars que han sido comparados, por su parecido, con los seres descritos por Federico Ibáñez en 1979 (Turís, España), y cuya relación el ufólogo José Antonio Caravaca propone como ejemplo de la “teoría de la distorsión” y los contenidos culturales como aporte generador de las escenas OVNI. A la izquierda, los “jawas”; a la derecha, un “morador de las arenas”. (Imágenes: Lucasfilm y 20th Century Fox)

En su trabajo, Caravaca cita los grandes paralelismos existentes entre el proceso defendido por su teoría y el de aquellas visiones originadas por estados alterados de consciencia, estos últimos siendo la base principal de otras hipótesis como las propuestas en los trabajos de Moravec, Basterfield y Bartholomew (1989), Acevedo y Berlanda (2000), Garrido (2016), Vergel (2018) y Berlanda (2019), entre otros. En todas estas interesantes variantes, la ciencia-ficción asimilada por las personas, también podría jugar su papel a la hora de predisponer las interpretaciones de los testigos que experimentan visiones durante estos estados modificados de consciencia, e influir así en la asignación de significado a las formas vislumbradas bajo dichos estados. Sin embargo, esto último no puede aplicarse con facilidad a las vivencias de personas de sociedades ancestrales o culturas no occidentalizadas, como sería el caso de las experiencias vividas por los chamanes, los cuales son a menudo propuestos como ejemplo de este tipo de conexión con otras “realidades”. Precisamente esto último reforzaría por qué en dichas culturas durante esas experiencias se describen entidades como espíritus, mientras que personas de culturas occidentales relatan, bajo visiones resultantes de procesos idénticos, extrañas naves y tripulantes.

Conclusiones

Se ha observado que el papel de la ciencia-ficción en la escenografía de los casos OVNI tiene su cabida en diferentes interpretaciones del fenómeno. No obstante, ello no quiere decir en absoluto que todas esas hipótesis sean acertadas, ni que necesariamente una sola hipótesis pueda explicar toda la casuística de mayor extrañeza, pues ésta se compone con toda probabilidad de una combinación de eventos con explicaciones muy variadas entre sí. Muchos fraudes, irónicamente, pueden también haber sido inspirados en historias fantásticas como las que han sido objeto de revisión en este trabajo.

La problemática relación entre ciencia-ficción anterior a los OVNIs y estos últimos, está estrictamente ligada a la interpretación extraterrestre de los avistamientos. La simple casualidad entre los parecidos de la ciencia-ficción y los relatos ufológicos es difícil de sostener bajo un prisma de hipótesis extraterrestre, debido precisamente a las grandes similitudes que hay entre las descripciones de los testigos y las historias de ficción, si bien esta semejanza no representa una prueba definitiva en contra de un hipotético origen extraterrestre del fenómeno OVNI. Igualmente, los paralelismos mostrados no prueban que casos de avistamiento, encuentros cercanos o abducciones concretos hayan sido inspirados en las historias específicas de la ciencia-ficción con las que se han comparado, pero sí ponen de manifiesto que muchas características e iconos de la ufología no han surgido de forma inédita por medio de los relatos de los testigos, sino que ya existían mucho antes en relatos fantásticos de la literatura.

Aunque muchos reportes de OVNIs pueden explicarse acudiendo a causas psicosociales, existen anomalías, algunas de ellas con efectos físicos, que parecen indicar que hay algún tipo de fenómeno desconocido en el cual el testigo sigue jugando un papel clave. En cualquiera de estas posibilidades, parece claro que los conocimientos culturales del testigo constituyen un pilar fundamental, con la ciencia ficción como uno de sus soportes, a la hora de interpretar esas visiones y encuentros extraños.

En definitiva, puede que los OVNIs no tengan en estas asombrosas coincidencias con lo fantástico la evidencia probatoria de un origen extraterrestre, pero sin duda, las historias de ciencia ficción anteriores a 1947 muestran de forma inequívoca la fascinación del ser humano por el espacio, y sus inquietudes por la posible existencia de otros seres más allá de los confines del planeta Tierra. Es esta fascinación la que se ha visto proyectada en el fenómeno OVNI, cuya mitología, más allá del misterio que oculta, es un recordatorio de la continua búsqueda por parte del hombre de su lugar en el universo.

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